CAMINO DE LAS ÁGUILAS



Camino de las águilas, el título de esta exposición de la artista Maria Cusachs, es una metáfora de su itinerario artístico. Alude a una ruta que se caracteriza por lo intrincado y al mismo tiempo lo ancestral del avance, por lo amplio de la meditación y por la solitaria fuente de las revelaciones.


La obra de Maria Cusachs, como la de los antiguos maestros, crece a partir del dominio y la experimentación con técnicas milenarias. Las dos piezas escultóricas que se muestran al pie de los papeles de aguas —otro procedimiento antiguo revitalizado—, y que parecen aguardar la caída de la hoja para completarse, son también sendas pinturas. Su dimensión de objeto se logra a partir de la encáustica, una técnica de la Antigüedad en la que se mezclan al fuego los pigmentos con la cera, lo que le proporciona a la pintura consistencia de talla. Otra técnica que se puede observar en algunas piezas es la impregnación de la pintura por desplazamiento, cuyo efecto redibuja la superficie y crea el efecto de trama anhelado. Una trama que también se logra mediante el uso de una pincelada casi de geómetra, destreza que demuestra cómo cada movimiento idéntico se manifiesta en el lienzo con una intensidad diferente.


La amplitud de la meditación en las piezas de Maria Cusachs prende en la observación no solo de la naturaleza que encuentra en el Camino de las águilas, sino también en el conocimiento de cómo lo natural es transformado por las habilidades tradicionales, así los paños africanos kente o las telas ikat menorquinas. A partir de las sugerencias de su entramado, del carácter de los tejidos y de las texturas artesanas, la artista arranca y desarrolla su propia reflexión plástica, donde la estilización, la armonía y la sugerencia conforman los pilares de una poética tan asentada en la tradición como renovadora en la imaginería.


El intrincado experimentar con las técnicas y la meditación son secuencias de un proceso que conduce —del mismo modo que ocurre en las transformaciones místicas— a una epifanía. Una revelación de la profunda serenidad de la forma a la que asiste Maria Cusachs en la soledad de su taller cuando culmina cada una de las seriaciones que Camino de las águilas presenta, y cuyo reflejo puede percibir, por la virtud comunicativa que se manifiesta en el arte, quien a ellas se acerque.


José Ángel Cilleruelo




CESURA



Cesura, título de esta exposición del artista Carlos Velilla Lon, es una pausa que acontece entre acentos armónicos.


En sentido literal, hay una breve cesura blanca entre las pinturas que forman un díptico o un tríptico. Existen pausas también entre cada una de las piezas que conforman la muestra, concebida en su conjunto como una unidad entre breves distancias para la respiración.


Los óleos expuestos desarrollan una serie denominada «Cesura»; las obras en papel integran otra serie que comparte una misma rúbrica: «Pausa». Esta doble alusión le proporciona al término que las identifica una dimensión además simbólica. Cesura, ahora ya no nombra el corte entre piezas, sino las piezas mismas. Pausa es también cada una de las pinturas que se muestran en la sala.


En un primer acercamiento, se observa que las obras de Carlos Velilla Lon no delimitan el espacio pictórico que las integra. Al contrario, lo expanden más allá del bastidor que sujeta el lienzo o del marco que contiene el papel. A cada cuadro llegan colores y trazos desde un universo exterior, y se evaden de su concreción plástica hacia un más allá, teselas de un inmenso mosaico soñado. Un fuera de campo que no permanece indemne alrededor de lo pintado.


Cada pieza concluida encarna ahora una respiración, la pausa posible de lo material en la extensión infinita de la imaginación artística. A partir de este efecto simbólico, que el pintor ha denominado Cesura, se despliega su poética de lo inestable que late en el color. Un color que carece de condición definida, o mejor, que la desconoce al tratar de conocerla. Cuadros que son al mismo tiempo apariciones y latencias. De lo que se sabe (el color) y al mismo tiempo se ignora (lo coloreado). Un pie que al caminar se posa sobre un suelo que no es capaz de sostener el paso. El hundimiento, la inestabilidad, que lo es de visión y de pensamiento, describen el acto de mirar como una fuga hacia su propia intemperie cromática.


En la pintura de Carlos Velilla Lon se identifican dos tensiones. Una, la que el título nombra, ocurre entre lo que aparece en el lienzo y la impresión de continuidad en el blanco exterior. La segunda se produce en el interior de la pintura, entre profundidad y superficie. El color emerge desde la hondura con turbulencia de magma sobre una ocupación estable del color, a la manera del liquen. Una tensión incesante entre lo efervescente —destellos de color que asoman, en ese emerger magmático, por las fisuras de los trazos— y la pincelada certera, una ocupación del color sobre sí mismo. Permanencia y estallido, una tensión que en la serie Cesura se manifiesta como el temblor de la luz contemplado desde el fondo del mar. Desde el interior del tiempo.


José Ángel Cilleruelo




CAMINO DE LAS ÁGUILAS // CESURA

del 14 de octubre al 19 de noviembre 2021

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MARIA CUSACHS // CARLOS VELILLA LON


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